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Foto: Kamiel Choi.

Foto: Kamiel Choi.

¿Qué resultados ha tenido la COP25?

No se ha conseguido nada mejor que lo que se hizo en París. Ya en París fue bastante decepcionante porque no hubo acuerdos realmente vinculantes para los países y yo creo que teniendo en cuenta la gravedad de la situación en la que estamos, que además cada vez la ciencia lo remacha más y nos muestra indicios cada vez más graves, hechos que nos encontramos nosotros mismos en nuestra investigación del día a día, nuevos hallazgos que cada vez nos ponen más los pelos de punta, en la COP25 no se ha llegado a nada efectivo.

¿Piensa que es posible no superar los 1,5ºC de calentamiento como dijo hace pocas semanas la ONU, reduciendo las emisiones de CO2 un 7,6% anual durante diez años de 2020 a 2030?

Justamente unos días antes de la COP25 la ONU anunció que para tener un 66% de posibilidades de no superar el peligroso umbral de 1,5ºC de calentamiento respecto a la temperatura de la época preindustrial se necesitaba que de 2020 a 2030 las emisiones de CO2 se redujeran un 7,6% anual. Eso quiere decir que de aquí a 2030 tendríamos que reducir las emisiones un 55%. Con la tecnología que tenemos hoy en día y en tan breve lapso de tiempo eso no es posible si no va acompañado de una disminución del consumo de energía de un tamaño semejante, quizá no del 55%, pero desde luego no lejos del 40%. Tenemos que pensar que la Gran Recesión del 29 supuso una caída (momentánea) del consumo de energía global del orden del 8%; aquí estamos hablando de 5 veces más y además con carácter permanente. Es difícil imaginar la magnitud de la contracción de la actividad económica que sería necesaria para conseguir tal objetivo, pero eso es a lo que deberíamos de aspirar. Eso solo tiene un nombre, por más que se quiera ocultar: Decrecimiento.

Comentaba usted en distintas ocasiones cómo el clima, el sistema climático en general se ha ido desregulando y alejando del equilibrio por cientos de años…

A ver, es difícil saber porque los modelos climáticos tienen muchas incertidumbres. En general, a medida que se van revisando con la nueva ciencia que se va incorporando, las previsiones suelen empeorar y no mejorar, porque en general los procesos que no incorporamos en un primer momento suelen ser no lineales, más abruptos, más tendentes al cambio rápido, drástico. Los cambios que se hacen a partir de la nueva ciencia van siendo siempre o casi siempre a peor. Ya sabemos por la inercia climática que, si parásemos de golpe las emisiones de CO2, tendríamos de 500 a 1.000 años antes de que el clima se estabilizase y de que la capacidad regenerativa de la Tierra empezase a compensarlo, con el agravante de que es posible que con el nivel de emisiones actuales podamos superar algún punto de inflexión.

Esta situación llevaría a unas emisiones incontroladas con las que la Tierra, en vez de ser un sumidero neto de gases de efecto invernadero, se convertiría en un emisor neto, lo que nos llevaría a un calentamiento descontrolado. Este es uno de los temores que hay ahora mismo. Hay algunos científicos que nos dicen que ya hemos superado algunos de estos puntos de inflexión, lo cual nos llevaría a un calentamiento catastrófico, pero no es que haya una evidencia clara al respecto. En todo caso, es evidente que estamos jugando con fuego. Se deben tomar cuanto antes medidas drásticas para evitar lo peor que puede pasar, porque si no hacemos nada, ya sabemos a qué escenario nos dirigimos.

¿Y en cuanto a su tema clásico de estudio respecto del peak oil (tasa máxima de extracción de petróleo) y el pico de los recursos en general y los escenarios de crisis económica y social y revueltas relacionados, qué puede comentar?

Siempre digo que las crisis y las revueltas suelen ser multifactoriales, siempre hay muchos factores, algunos idiosincráticos, propios del territorio concreto, pero hay un factor que es bastante general, sobre todo en las economías exportadoras de materias primas. Y es que estamos en un ciclo que se está acabando, estamos llegando a los máximos de producción, y a partir de ahora la producción de muchas materias primas irá cayendo paulatinamente. Los problemas sociales de agitación que estamos viendo en muchos países tienen dos factores. Uno muy importante, asociado al descenso de ingresos, a la caída de la producción.

En el caso de Chile es un caso bastante claro, es un país que vivía bastante de las exportaciones de cobre y ahora con el incremento de los costes y descenso de la calidad de la mena de cobre, y teniendo en cuenta que además el mercado del cobre ahora está hundido a nivel internacional, obviamente todo esto está suponiendo una caída de ingresos y obliga a tomar medidas más drásticas al gobierno y la gente acaba revolviéndose. Es un patrón repetido en muchos países exportadores de materias primas en general y por supuesto en el caso del petróleo.

Con la crisis de Bolivia, más que ver que con el litio, el problema tiene que ver con la caída de la producción de petróleo; y también en Venezuela, Siria, Iraq, Irán, con revueltas en estos días: en todos esos casos, está muy asociado a este agotamiento de la era del petróleo. No es que se acabe de golpe, sino que progresivamente se va produciendo menos y los países que dependían de los ingresos entran en problemas, añadidos a los problemas de desigualdad social, étnicos, religiosos, culturales, de muchos tipos, que ya son endémicos de estos lugares. Este es el trasfondo de todas estas crisis regionales.

Una cosa que sí puedo añadir es que el hecho de que estemos en los máximos de producción de petróleo y tendiendo a descender, no significa que las emisiones de CO2 vayan a disminuir, porque típicamente los recursos a los que estamos accediendo son recursos en los que para su extracción se emite mucho más CO2 que lo que se deja de quemar por la progresiva disminución de la producción de combustible.

Es decir, aumenta mucho más el CO2 que lo que disminuye la producción total de hidrocarburos líquidos. Con lo cual nos encontramos que nos van a faltar recursos cuando tendríamos que hacer la transición más ambiciosa a nivel de situación económica, financiera y social. O sea que es un cóctel de tormenta perfecta.


¿Por qué no se toman medidas efectivas contra el cambio climático? ¿Qué medidas se pueden proponer? ¿Qué es el Proyecto Medeas?

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que más del 80% de las emisiones del CO2 provienen del uso directo de la energía. En el Instituto de Ciencias del Mar coordinamos un proyecto europeo, el Proyecto Medeas, un proyecto de política energética. La herramienta fundamental que se hace en este proyecto es hacer un modelo que integra economía, energía, recursos naturales, impacto ambiental en general y también variables socioeconómicas, porque la idea es proporcionar, con el modelo Medeas, herramientas a los políticos para que puedan decidir qué camino tienen que seguir para conseguir una cierta transición. Este modelo lo coordina mi compañero Jordi Solé de mí mismo instituto, y mi papel en este proyecto es el de estudiar los recursos naturales, principalmente el petróleo y el resto de materias primas no renovables. Lo primero que tengo que decir al respecto es que, para seguir una transición al 100% renovable, el modelo Medeas nos muestra que tenemos que seguir un camino, un camino estrecho, al lado de un precipicio, y que las cosas parece que son peores de lo que en muchos sentidos se está diciendo, y que tenemos que hacer una apuesta clara en la lucha contra el cambio climático. Se habla mucho de electricidad cuando se habla de energía, pero tenemos que recordar que la electricidad, a nivel global, representa sólo algo así como el 20% del total de la energía final consumida(en España llega a ser el 23% algunos años; en España es mucho más importante en términos de energía final el petróleo, un 50%).

Usamos combustibles fósiles masivamente: El petróleo se usa para todo el transporte privado, el transporte de mercancías por carretera, para la maquinaria industrial y agrícola, etc. Para la producción de calor industrial, por ejemplo para producir cemento, se hace quemando gas y así un largo etcétera. Por tanto, es un error pensar que cuando hablamos de energía hablamos básicamente de electricidad. Casi el 80% de energía que consumimos no es electricidad y puede ser que para  algunas aplicaciones de la energía no se consiga nunca electrificar; tenemos que buscar algunas alternativas, pero eso no es sencillo. El proyecto Medeas estudia uno de los problemas graves que está justamente en el transporte. Es el sector más difícil de electrificar, el más problemático. Tenemos la manía de hablar del coche eléctrico, pero hay que pensar que lo más importante son los camiones. Aunque en realidad ya tenemos un camión eléctrico que funciona muy bien, y que se llama tren; pero, claro, no es autónomo y habría que modificar y ampliar radicalmente las  infraestructuras.

Existen soluciones, pero no estamos mirando a ellas. Estamos mirando a otro lado. Nadie piensa seriamente en un camión eléctrico: tendría que tener una batería enorme, demasiado grande. No tiene sentido cuando tienes un tren que es mucho más eficiente. Otro problema que ha considerado el modelo Medeas es que, si quisiéramos hacer una transición rápida, no considerando la escasez de recursos naturales, hacer una sustitución de aquí al 2050 acarrearía superar los niveles de concentración de CO2 que se supone que no queremos alcanzar. Y eso es debido al hecho que tendríamos que construir un montón de sistemas renovables y eso implica un montón de fabricación, un montón de cemento, un montón de acero, un montón de recursos y de transporte, lo que nos llevaría a sobrepasar el umbral de CO2 considerado  peligroso. Eso nos da una idea que no todo camino hacia la transición es sencillo, fácil o o conveniente.

Además, habría que hacer un gran esfuerzo en sistemas de captura de CO2. Tendremos una situación de decrecimiento, nos guste o no. Al mismo tiempo se va ir produciendo una caída de la producción de petróleo convencional. La propia Agencia Internacional de la Energía alertaba el año pasado en el informe anual que, si no se producen las inversiones necesarias que no se prevén, tendremos una caída del 30% de la disponibilidad de petróleo de aquí a 2025. Tenemos una situación que va a ser, necesariamente, el decrecimiento energético. Solo hay una opción real: decrecer. El decrecimiento es la única salida del atolladero. Y es la única que no se discute seriamente. Nuestros representantes políticos lo saben, pero no quieren llevar la discusión a los términos lógicos, los únicos razonables, los únicos posibles. No se atreven a transitar ese camino, por miedo a la incomprensión ciudadana, sí, pero también y sobre todo por miedo al rechazo y hostilidad del mundo económico.

Antonio Turiel: estamos jugando con fuego

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Antonio Turiel Martínez (León, 1970) es licenciado en Física y Matemáticas y doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabaja como científico titular en el Institut de Ciències del Mar del CSIC.​ Es autor de más de 80 artículos científicos especializados. Investiga fenómenos no-lineales, particularmente de la turbulencia, y de la oceanografía física por medios de teledetección. Es experto en análisis de la señal y de la imagen.
 

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