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Allan Walton, profesor de la Universidad de Birmingham, ha encontrado la fórmula de reutilizar los discos duros de viejos ordenadores y hacer funcionar los motores de los vehículos eléctricos. ¿Cómo? Gracias al neodimio, un elemento químico del grupo de minerales de tierras raras presente en muchas tecnologías que usamos a diario, desde ordenadores a smartphones o televisores.

De este modo, los imanes de neodimio tienen una segunda vida al ser extraídos y reciclados de estos dispositivos. Este es el proyecto empresarial de Walton, que dirige la firma Hypromag, y que prevé que en los próximos 10 años podría reciclar suficiente neodimio como para satisfacer una cuarta parte de la demanda de coches eléctricos del Reino Unido, informa en un artículo la BBC.

Sin embargo, la obtención de neodimio plantea un reto medioambiental, ya que los desechos resultantes pueden ser tóxicos y destructivos.

En este sentido, Walton y su mentor, el profesor Rex Harris, descubrieron hace varios años un método más ecológico, y de paso una oportunidad de negocio, para convertir en polvo los imanes de neodimio. Gracias al gas hidrogenado, que disuelve estos imanes, se podía volver a recolectar el neodimio, empacarlo y recubrirlo para transformarlo en nuevos imanes, cuentan en un estudio publicado en 2015 en Journal of Cleaner Production.

La empresa de Walton, Hypromag, ya ha recibido una subvención de 3,3 millones de dólares de la agencia de innovación del Reino Unido y otros 637.000 dólares de inversión de la mina africana Mkango.

Se trata de un recurso con una oportunidad de negocio en expansión ante la aparición de tecnologías emergentes como el 5G o el cambio de los vehículos de gasolina o diésel por otros de cero emisiones, como los automóviles eléctricos. Por ahora, China es quien lidera la producción de estos elementos de tierras raras e imanes hechos a partir de ellos. Además del neodimio, otros metales son el erbio, que se emplea en los cables de fibra para banda ancha y en láseres de alta velocidad, o el disprosio, utilizado en la iluminación comercial y los reactores nucleares.

En el Reino Unido, las tierras raras ya forman parte de la estrategia industrial del Gobierno británico, explica el empresario industrial Jeff Townsend. «Si tomamos la decisión de que queremos ser mejores, entonces tenemos que tratar de ser mejores, porque esa es la única forma en que cambiaremos la sociedad», concluye.