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Marruecos no solo está a la cabeza de África en tasas de vacunación, sino que se ha colado por méritos propios entre los diez primeros países del mundo. Las cifras son, desde luego, espectaculares. La campaña arrancó a fines de enero y, hoy por hoy, casi el 12 por ciento de la población ha recibido ya la primera dosis y alrededor del siete por ciento ha recibido la pauta completa.

Solo Malta, entre todos los países de la Unión Europea, tiene mejor porcentaje de vacunados completos que Marruecos. Y todo esto sin formar parte de un gran bloque negociador y sin recurrir (excesivamente) a las vacunas chinas y rusas. De hecho, de los ocho millones de vacunas que ha conseguido Marruecos, siete son de AstraZeneca y solo uno Sinopharm. ¿Cómo ha conseguido este éxito?

El éxito marroquí, explicado

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Tayeb Hamdi, vicepresidente de la Federación Nacional de la Salud del país alauita, comentaba en NIUS que una de las claves de la respuesta marroquí a la pandemia fue que «tuvieron la suerte de ver las dificultades que afrontaban nuestros vecinos europeos cuando la epidemia apenas había llegado aquí». Esto parece especialmente verdad en el caso de las vacunas porque mientras los grandes bloques trataban de asegurarse el suministro (como había pasado con el resto de productos sanitarios), Marruecos decidió mirar a la India.

Y lo cierto es que no puede decirse que fuera una decisión arriesgada. La India es actualmente el mayor proveedor mundial de medicamentos y produce del 60% de todas las vacunas del mundo. No solo es que la industria india tenga en desarrollo más de una docena de vacunas con tecnología propia, es que muchas de las grandes farmacéuticas del mundo fueron llegando a acuerdos con el gigante asiático para producir sus formulaciones en cuanto estuvieran listas.

A modo de ejemplo, en octubre de 2020, el Serum Institute de India ya tenía millones de vacunas de AstraZeneca en sus almacenes esperando a que recibieran el visto bueno. En total, el SII tiene previsto fabricar 1.000 millones de dosis de esta vacuna. Gran parte de las cuales, estaban destinadas desde un inicio a nutrir el programa «Vaccine Maitri«, el movimiento indio a la diplomacia de las vacunas.

Esa ha sido la vía que ha explotado Marruecos para conseguir un suministro tan grande de vacunas a un precio tan competitivo (solo un poco más caras que las de la Unión Europea); aunque, por lo que hemos sabido estas semanas, también puede convertirse en un cuello de botella. Sobre todo, si no logra «diversificar» sus fuentes y los problemas en India siguen en aumento.

Algo en lo que están trabajando. Según han explicado las autoridades marroquíes en las próximas semanas, esperan recibir un millón de dosis de la vacuna rusa Sputnik, dos millones de Sinopharm y otro millón de vacunas de AstraZenecas producidas en Corea del Sur. Les harán falta porque tienen una fecha crítica en el horizonte: el 12 de abril, el día en que empieza el Ramadán.

Y es que, aunque la intención de las autoridades es extender las restricciones y los toques de queda durante todo ese mes, se da por hecho que se producirá un repunte de la pandemia por las reuniones familiares y las actividades religiosas vinculadas. Esto, unido a otros problemas de la campaña, pueden arruinar una gestión que el país quiere utilizar para regforzar el régimen. De ahí que llegar a esa fecha con el máximo de personas vacunadas parece la estrategia más razonable ante una previsible saturación del sistema sanitario.